
Crecer puede ser raro. Cada vez podés hacer más cosas (salir, manejar, etc.) pero al mismo tiempo tu nivel de responsabilidad sube. Empezás a rendirle cuentas a más gente, que espera cada vez más de vos, y ya no cuidás solo de tu propia vida, sino ojalá también de la de otros (pequeños vos).
Esto le pasa a todo el mundo, en todos lados, y sobre todo en las startups. Como founder en pre seed o seed, le rendís cuentas a una sola persona: a vos mismo, todos los días. Puede ser desafiante, pero el poder lo tenés vos: el control de tu agenda y el control de trabajar en las cosas que te parecen valiosas. Quizás tenés un equipo chico que espera que aparezcás, ejecutés y tengás claros los próximos pasos de tu rol. La vida es buena. La empresa empieza a crecer y te entusiasma la idea de crecer con ella, de pasar al siguiente nivel. Pero, ¿qué significa eso en la práctica?
En tus años de seed te apoyaste en advisors: gente que elegiste para que te oriente en tu laburo, te conecte con otros en la industria y te ayude a arrancar. Conociste personas muy copadas; algunas creyeron tanto en tu idea que te pusieron plata: ángeles, inversores seed. Algo les debés, pero la expectativa todavía es simple: que labures duro y le pongás honestidad.
La Serie A cambia esa relación. Ahora, en cambio, hay que formalizar a esos advisors. Si querés dar el siguiente paso cómo founder, necesitás crear un board formal.
¿Cuál es la diferencia? ¿No están ellos también para ayudarte? Obvio que sí. Pero estos tipos tienen poder real dentro de la empresa. No aparecen todos los días como lo hacés vos, pero opinan, ayudan a tomar decisiones y a veces te dan consejos incómodos. No están solo para ayudarte a vos, si no a la empresa. Su advice no es para que lo tomes personal. Vos no sos la empresa, la empresa no sos vos.
Eso es madurar.
Elegir tu board es clave: quiénes son importa más de lo que creés, y cómo los manejás también. Marcá el ritmo temprano: cada cuánto se reúnen, qué llevás a la mesa y qué pasa con esos consejos cuando termina la reunión. Un board con el que te juntás dos veces al año y sin agenda te va a dar consejos dos veces al año y sin agenda. Elegí expertos en distintas áreas, gente que cubra los huecos que vos no podés cubrir, y asegurate de que sean personas que realmente querés en la sala, no las que te dijeron que tenías que poner. Tenés que ser Nick Fury, convocá a los Avengers.
Ya tenés tu board, ¿pero tu visión para la empresa sigue siendo la correcta? Acá es donde un buen board se gana el sueldo. Te van a picar el plan que venís cargando en la cabeza desde el día uno. A veces vas a defenderlo y otras veces te van a demostrar que estaban viendo algo que vos no. Y mientras estás ocupado replanteando la estrategia, aparece un nuevo compañero de ruta: se llama Admin. Llega con tareas nuevas: ordenar la parte legal (proteger tu propiedad intelectual) y poner las finanzas en orden (no lo sabías antes, pero además de founder vas a terminar siendo contador).
En resumen, el laburo se volvió mucho más… adulto. Ahora sos responsable de tus empleados, de responderle a tu board y a tus inversores. Tres jefes nuevos que el año pasado no tenías.
Pero acá está el punto sobre madurar: nada de esto es un impuesto a tu libertad. Un board, un cap table ordenado, alguien que de verdad sepa a dónde se fue la plata… todo eso existe para que la empresa pueda ser más grande que VOS. Para que sobreviva un mal trimestre, la salida de alguien clave, una semana en la que estés desconectado.
Los founders que la sufren en Serie A son los que creen que el gobierno corporativo les está pasando por encima, pero no es así. Lo mejor de todo esto es que VOS tenés el control. Tu board va a ser tan filoso, dinámico y útil como vos lo hagás, y lo mismo vale para cada pieza de estructura que sumés. Es la primera infraestructura real que construís para una empresa que ya es más grande que solo vos.
Tu nivel de responsabilidad va a seguir creciendo hagás lo que hagás, eso es un hecho. Más laburo, más cosas que cuidar. Pero también tenés infinitamente más espacio para hacer cosas que de chico nunca hubieras podido hacer, y más gente en quien apoyarte mientras las hacés. Eso es lo que hace más fácil ser adulto. Así que construila a propósito.
Bonus: buenas prácticas para armar un board
- Cuando convocás al board, juntá a todos al mismo tiempo. En los años de seed, convocas a los advisors cuando necesitás algo puntual, pero rara vez los juntás a todos. El board se junta para discutir en conjunto. Opiniones distintas dan mejores soluciones.
- Elegí un número impar de miembros. Las votaciones necesitan poder partirse desparejo para que las cosas avancen.
- Elegí miembros con habilidades distintas: tech, finanzas, estrategia, ops, lo que se te ocurra. No te encierres en una cámara de eco.
- No solo habilidades mixtas, también representaciones mixtas: uno por los founders, uno por los inversores y uno independiente. Todas las miradas tienen que estar en la mesa.
- El Chairman del board no tiene por qué ser VOS, el CEO. Puede ser el miembro independiente o puede ser otra persona de la empresa.
- Cuando te juntás con el board, aparecé con un plan. No un par de temas que querés tocar: un plan de cómo, cuándo y qué van a discutir. Y coordiná sus agendas con tiempo… suelen estar ocupados.
- El tiempo con el board suele ser corto. No dejes que un solo problema se coma toda la sesión. Si un tema es muy denso para resolverlo ahí, armá un subcomité, digerí el problema y llegá a la reunión con una solución.
- Hacé al menos una reunión de board al año en persona. Que el board sienta que pertenece a la empresa. Nada le gana a la conexión y la colaboración humana cara a cara. Si podés hacerlo más seguido, mejor.

