La construcción mueve más de $13 billones al año a nivel global. Es una de las industrias más grandes del mundo. Pero si hoy entrás a la oficina de muchas empresas constructoras en Latinoamérica, vas a encontrar casi lo mismo una tras otra: Excel, WhatsApp y la memoria de tres personas clave que, si se van, se llevan con ellas buena parte del conocimiento.
El software disponible en la región nunca fue construido realmente para ellas.
Plataformas como Procore resuelven bien el problema de una constructora con cientos de empleados, departamento de IT y presupuesto para una implementación de seis meses. No fueron construidas para la empresa de ocho personas que maneja tres proyectos simultáneos, opera en un mercado latinoamericano y necesita que las cosas funcionen desde el primer día.
Nosotros vimos ese vacío después de trabajar con varias empresas de construcción y decidimos resolverlo.
Qué es Mawi
Mawi es una plataforma de gestión para empresas constructoras que centraliza su operación y les permite tener mayor control sobre sus proyectos, finanzas y procesos en un solo lugar.
Empezamos resolviendo el problema más visible: control financiero, presupuestos, costos y flujo de caja. Con el tiempo entendimos que el problema era mucho más amplio. Las constructoras también necesitan controlar lo que sucede en campo: documentación, materiales y procesos operativos.
Hoy Mawi tiene clientes en 12 países y más de $2.5 mil millones en presupuestos de construcción activos dentro de la plataforma.
Pero los números que más nos importan son los que ocurren detrás: el gerente de proyectos en Guatemala que ya no pasa una hora buscando información para saber cuánto ha ejecutado; el dueño de una empresa familiar en Chile que puede presentarse a proyectos más grandes porque ahora tiene su casa en orden; o la constructora en México que cierra sus números financieros en días, no en semanas.
Para nosotros, esa es la misión.
1. Empezá cerca del problema, no necesariamente del ecosistema más grande.
Costa Rica no era la ruta obvia. Ecosistemas como Silicon Valley, Ciudad de México o Bogotá tienen más capital, infraestructura y visibilidad. En los primeros años construyendo Mawi, más de una persona nos preguntó por qué no nos mudábamos o empezábamos en alguno de esos mercados.
En retrospectiva, Centroamérica tenía exactamente el tipo de empresa constructora para la que estábamos construyendo: empresas medianas que crecieron rápido y cuyo caos operativo y financiero creció junto con ellas.
Esa cercanía al problema y a nuestro ICP fue una de nuestras mayores ventajas en los primeros años.
Siempre supimos que Mawi no iba a ser una solución costarricense. Iba a ser latinoamericana, construida desde acá. Pero antes de escalar teníamos que probar que realmente resolvíamos algo. Y decidimos responder esa pregunta primero en Costa Rica.
2. Los primeros clientes te dicen qué construiste realmente.
Los primeros clientes son duros. No porque sean difíciles per se, sino porque te enfrentan a la realidad de lo que construiste versus lo que creías que construiste.
El mercado pega en la cara, y rápido.
Empezamos pensando en control financiero porque era el problema más visible, el que le quitaba el sueño al dueño de la empresa. Pero escuchar a nuestros clientes nos hizo entender que el caos financiero era solo una parte del problema.
Las constructoras también necesitaban controlar documentación, materiales y procesos operativos en campo.
El producto evolucionó porque el problema que entendíamos también evolucionó. Escuchar al cliente nos permitió pasar de resolver una necesidad puntual a entender mucho mejor la operación completa de una constructora.
3. Escalar regionalmente también obliga al producto a evolucionar.
Llegar a 12 países no fue simplemente replicar lo que funcionaba en Costa Rica.
Cada mercado tiene particularidades, especialmente en nomenclatura, procesos y prioridades. Expandirnos nos obligó a evolucionar el producto a una velocidad que no siempre fue cómoda.
Pero ha sido una presión buena.
Cada nuevo mercado nos ha obligado a distinguir qué partes del problema son locales y cuáles se repiten en toda Latinoamérica. Esa capacidad de adaptarnos sin perder de vista el problema común es parte de lo que nos permite seguir construyendo para una región fragmentada.
4. Elegí inversionistas que puedan mover la aguja: Caricaco Ventures
“Caricaco entró como inversionista en un momento importante. No solo como fuente de capital, sino como un aliado con presencia real en la región. Una de las conexiones que nos hicieron nos permitió avanzar mucho más rápido en la ejecución del ConTech Leaders Summit, abriéndonos puertas desde el inicio. Ese tipo de apoyo, traducido en conexiones específicas que mueven la aguja, importa especialmente cuando estás expandiéndote regionalmente.
También valoramos mucho el seguimiento mensual. Cuando estás en el día a día resolviendo producto, equipo y mercado al mismo tiempo, tener un espacio estructurado para articular lo que está pasando tiene más valor del que parece. No porque alguien te dé las respuestas, sino porque te obliga a comunicar lo que está pasando. Muchas veces, solo con eso aparece claridad.”
5. Diseñá para escalar desde el primer mercado.
Costa Rica fue el lugar para probar el problema, no el límite de la oportunidad.
Hoy tenemos clientes en 12 países y todavía vemos un mercado enorme por delante. Las constructoras latinoamericanas forman una industria masiva y fragmentada que aún no tiene una solución dominante.
Además, algo está cambiando. Cada vez hay más empresas buscando activamente tecnología para ordenar su operación. El problema ya no es únicamente convencer a la industria de que necesita digitalizarse. Es estar bien posicionados cuando decide hacerlo.
Para los founders construyendo desde la región, ese ha sido uno de nuestros mayores aprendizajes: el tamaño del ecosistema desde el que empezás no define el tamaño de la oportunidad que podés construir.
Resolver un problema real, para un cliente real, desde acá, siempre tiene posibilidades.

